domingo, enero 18
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Marcelo Zuvinicar se despidió del socio “canario”, como presidente de La Emilia, Tras el cumplimiento de su mandato en la jornada de ayer, el ex presidente lo hizo con una -Carta abierta-

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CARTA ABIERTA A LA FAMILIA CANARIA

Queridos socios, colaboradores, deportistas, familias y amigos de nuestro querido Club Atlético La Emilia:

Hoy quiero compartir unas palabras que nacen desde un sentimiento profundo de gratitud, orgullo y también emoción. Hace algunos años, cuando asumí la Presidencia, lo hice con la certeza de que los ciclos tienen un comienzo y también un final, y con la convicción firme de honrar siempre la palabra empeñada.

Ese ciclo llegó a su fin.

Ya no ocupo el rol de Presidente ni formaré parte del actual equipo dirigencial, pero sí puedo decir, con tranquilidad y alegría, que dimos lo mejor en cada etapa de este camino. No porque todo esté hecho —porque nunca está todo hecho— sino porque avanzamos, ordenamos, proyectamos y fortalecimos a La Emilia en lo institucional, lo deportivo, lo administrativo y lo humano.

Me enorgullece profundamente ver el crecimiento del Club: la infraestructura, el trabajo de las subcomisiones, el compromiso de los profes y empleados, la participación en cada espacio, el sentido de pertenencia renovado. Nada de eso fue obra individual. Fue resultado del empuje colectivo de personas que aman a esta institución tanto como yo.

Sé también que en toda gestión existen miradas distintas, desacuerdos y decisiones que no todos comparten. Lo digo con honestidad: respeto sinceramente a quienes en algún momento no coincidieron con mi forma de conducir o con los rumbos tomados. En una institución tan grande es imposible conformar a todos, pero siempre tuve claro cuál debía ser el eje: el Club por encima de las diferencias personales.

Y así trabajé.

Siempre desde la convicción, desde el diálogo y desde el amor por esta camiseta que uno lleva tatuada.

Hoy, tras la Asamblea, me toca cerrar una etapa y dar el paso al costado que siempre dije que daría. Lo hago con serenidad, con agradecimiento y con la enorme satisfacción de haber cumplido.

Mi camino dirigencial formal finalizó, es cierto; pero mi vínculo con La Emilia no termina. Este Club no se deja: se lleva en la piel y en el corazón. Seguiré acompañando desde donde la vida y el Club me necesiten, con el mismo amor de siempre.